Ah! fortuna -da siempre

¿Por qué? ¿Quién?

Siempre me gustó escribir, quienes me leían decían que no lo hacía mal, me alentaban no sólo para continuar, pero en un mundo saturado de letras y textos, pocos son los afortunados por tener quien les pague (y ellos cobrar –no es lo mismo) por escribir lo que piensas, lo que quieren, lo que les importa o lo que investigan.

Siempre he dicho que escribo como hablo, jamás había reflexionado si en verdad pienso todo lo que digo o sólo digo todo lo que pienso… aunque sólo sea a mi misma.

Siempre ha estado ahí, esa necesidad de que la tinta escurra, la añoranza de una máquina de escribir mecánica cuyo sonido de tecleo inspirara y expusiera idea tras idea.

Siempre pensaré que es algo que nos está robando la tecnología, el sentido de la inmediatez comienza a llevarse las reflexiones a profundidad o las vanas, total, todo se está llevando.

¿Por qué escribir? Porque seguramente ya pasé la mitad de los años que se supone viviré, o al menos, eso creo [Por aquello del árbol, el libro, el hijo]. Porque las pérdidas me dan momentos de conciencia, de abstracción, de reflexión, de introspección, de estadios depresivos o eufóricos para manifestar de cualquier manera y casi en cualquier contexto que la vida es sólo un momento.

Hay quienes dicen “un día a la vez”, otros “un día más”, algunos “un nuevo día”, aquellos “un día menos”; y yo… “el día”.

Era más fácil –seguramente- seguir lamentándome por aquellos escritos que ya no encuentro, por los otros que es obvio que destruí o se perdieron, por los que presté y no me devolvieron [you know who you are], por los que publiqué y no trascendieron o por los que jamás escribí y de mi mente no salieron, ahí permanecieron. ¿Y? Pues nada, las mariposas no existen en mi estómago, estoy convencida que son millones de letras que conforman historias que quiere y buscan ser escritas, ver la luz y conocer el mundo.

Sinfín de tópicos atraviesan mi mente, no se trata de un diario, ¡no!  Se trata de escribirle a esa persona o personas que supongo existen en algún lugar del universo cono la que puede compartirse un momento para dialogar sobre ese tema que cruza mi mente. Ese sujeto que puede o no compartir la misma opinión y postura, pero gusta del diálogo, de la disertación, del debate, de la exposición y argumentación. Se lee casi mágico… diría casi imposible de encontrar… Si he hallado algunas personas, pero sólo han tenido dos o tres momentos y espacios para ello,, luego regresan a la rutina de su pensamiento selectivo y se ocupan de lo cotidiano.

El murmullo ya se hizo presente; no es paranoia ni esquizofrenia, es el barullo del lugar, comienza a llenarse de los oficinistas que me miran como si me hubiera convertido de pronto en la afortunada ganadora de la lotería porque no debo retirarme del lugar como ellos para ir a registrar mi entrada. Lo que no saben es que ante mis ojos ellos son los afortunados… o al menos eso es lo que a veces pienso.

Cada café siempre viene con una canción, sinnúmero de pensamientos y tal vez uno que otro alimento, todos ellos… dulces o salados.

Eso me hace recordar el quién… La ardilla, porque corre, trepa y casi vuela.